Camilo Lara, Preguntas y respuestas del Instituto Mexicano del Sonido

MARFA – El sábado, Camilo Lara del Instituto Mexicano del Sonido completará un día repleto de estrellas en Trans-Pecos. A pesar del nombre, el Instituto Mexicano del Sonido no tiene nada que ver con la educación superior, a menos que esa educación superior incluya encontrar un ritmo en la pista de baile.

Durante más de dos décadas, Lara ha mezclado y combinado música mexicana de generaciones con ritmos de todo el mundo. Ha producido música para artistas de todo el espectro, desde Los Ángeles Azules hasta Norah Jones, y sus melodías han aparecido en numerosas películas y campañas publicitarias. (Incluso tuvo un cameo en Coco de Pixar).

Antes del set del sábado, Lara se sentó con The Big Bend Sentinel para hablar sobre su música, inspiraciones y esperanzas para el fin de semana.

Internet te describe como “parte de un creciente movimiento electrónico mexicano”. ¿Qué significa para ti la palabra “electrónica”?

Probablemente cuando empezaron a llamarme así, el mundo estaba menos unido: Internet no era tan importante como lo es ahora. Siempre he hecho música mexicana con lo que tenía a mano: samplers, sintetizadores o instrumentos reales.

Mi centro –lo que amo– es mi comunidad, así que la mayor parte de lo que he hecho tiene que ver con raíces mexicanas.

He hecho electrónica, punk, garage, hip hop, cumbia. Todo tipo de ritmos adobados con el sonido de mi comunidad. Por supuesto, suena más atractivo ser “global” o parte de algo más grande. En mi caso no lo es. Pero siempre [agradezco] el esfuerzo por incluirme.

Estás basado en CDMX –– ¿dónde has girado fuera de México? ¿Has notado algo sorprendente en cómo la gente de otros países se relaciona con la música electrónica?

Sí. He realizado giras por todos los continentes excepto la Antártida. La música es un unificador. No importa si somos nórdicos o masai, todos compartimos el ritmo. La música es democracia; La música es un ecualizador. Por eso disfruto viendo cómo, al final, a todos nos une el mismo brillo.

Ojinaga, aproximadamente a una hora al sur de Marfa, es un importante centro de música regional. ¿Hay algún artista norteño que admires o incorpores a tu trabajo?

Toda mi familia es de Chihuahua. Cuando mi mamá era niña, siempre le decían: “Si no te portas bien, te enviaremos a vivir a Marfa”. En Marfa, en los años cincuenta, cuando era niña, no había nada. Todavía se burla de mí porque intento ir a Marfa una vez al año y me encanta.

Crecí escuchando toda la música del norte del país: música sierreña, Eulalio “El Piporro” González, Lalo Guerrero. El Bajo Sexto [una guitarra de doce cuerdas utilizada en la música de conjunto] es algo que escucho desde que era un bebé. Probablemente por eso lo amo tanto.

¿Qué tipo de vibra esperas traer a la pista de baile el último día del festival Trans-Pecos?

Va a ser salvaje. Me gusta que la gente salte, sude y, sobre todo, no sepa qué género está escuchando.