Los inmigrantes indocumentados continúan siendo expulsados ​​de Estados Unidos bajo las medidas del Título 42 COVID-19

OJINAGA – Cuando Alejandro salió de Honduras el 15 de abril, fue por desesperación. Las pésimas condiciones económicas de su país habían dejado al migrante de 25 años sin poder pagar el tratamiento médico de su hija de 18 meses, que nació con un pie equino.
“En Honduras no hay trabajo y cuando se haya trabajo lo que uno puede llegar a ganar es $500 dólares mes”, le dijo a The Big Bend Sentinel. “Está fuerte el camino pero se hace un esfuerzo”.
Con la esperanza de ganarse la vida mejor, Alejandro tomó la arriesgada y difícil decisión de viajar a México con su sobrino y su cuñada en abril, cruzando la frontera alrededor de Ojinaga para ingresar a Texas. El arduo viaje tomó más de dos meses desde que salieron de Honduras. Esto implicó pagarle a alguien para que les diera instrucciones sobre cómo cruzar el río y les indicara cómo llegar a la ciudad.
Alejandro, cuyo apellido The Big Bend Sentinel está reteniendo, es uno de las decenas de miles de inmigrantes indocumentados que han sido expulsados ​​de los Estados Unidos bajo el Título 42 de la Ley de Seguridad de la Salud Pública desde marzo del año pasado. La orden de salud pública de la era Trump fue emitida por el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades en 2020 y pide la rápida expulsión de migrantes y solicitantes de asilo sin derecho a juicio, citando COVID-19.
Ha continuado bajo la administración del presidente Biden, que ahora representa 463.182 expulsiones. este año. Para migrantes como Alejandro, esto representa un obstáculo más en la búsqueda de seguridad personal y financiera.
“Las visas para Hondureños como mi persona no son aprobadas”, dijo. “Me imaginaba poder pasar y poder trabajar”.
Según un informe anual del gobierno, solo 22 inmigrantes hondureños recibieron visas de trabajo de cualquier tipo en 2020. En 2019, antes de que COVID hiciera el viaje más difícil, sólo fueron 28. Sin embargo, la Patrulla Fronteriza y de Aduanas de Estados Unidos detuvo y expulsó a más de 40.000 hondureños el año pasado. La violencia desenfrenada de las pandillas, así como la pobreza generalizada causada por el cambio climático y las mareas económicas cambiantes, son a menudo catalizadores de la inmigración de hondureños a los Estados Unidos.
En los últimos dos meses, Alejandro intentó dos veces cruzar a los Estados Unidos y en ambas ocasiones fue detenido por la Patrulla Fronteriza. La primera vez fue a fines de mayo, cuando el grupo había pasado cuatro días y noches viajando por el desierto de Chihuahua antes de ser interceptado en Pinto Canyon Road. Según Alejandro, no se resistieron y fueron llevados a una celda de “congelación” durante unas tres horas antes de ser devueltos a México. Si bien no recuerda la fecha exacta, dice que este incidente tuvo lugar a fines de mayo.
“La primera vez es feo. Se siente desilusionado”, dijo, antes de aclarar, “En todo el proceso ellos fueron muy respetuosos y muy profesionales…Sabemos que es su trabajo”.
La segunda expulsión ocurrió el jueves 17 de junio, aproximadamente 20 días después de la primera. Esta vez, el grupo se perdió viajando por el desierto durante dos días y dos noches sin agua para hidratarse. Después de casi perder el conocimiento, Alejandro pensó que iba a morir, hasta que un compañero migrante le dio algo de su propio suministro. Finalmente, el grupo fue detenido en el camino a Marfa. La Patrulla Fronteriza le dio comida y agua al grupo hambriento y les que pidió repitieran el proceso de detención nuevamente.
“El día de ayer deseaba que me agarrara migración, la verdad”, dijo. “No había sentido en mi vida una experiencia de tal manera—por la angustia y la agonía de ver pasar el día, caminar y caminar insaciablemente y no encontrar una salida por donde alguien nos pudiera auxiliar sí nos tenía bien maltratados”.
La segunda expulsión de Alejandro ocurrió el jueves pasado en el puerto de entrada de Presidio. A media tarde, Alejandro estaba parado en la acera del puente, con una mochila y luciendo algo sin rumbo. Un vehículo de transporte marcado que transportaba a unos 10 migrantes más de la estación de la Patrulla Fronteriza de Presidio se había detenido en el medio del puente, a unos 30 metros de México.
Un agente de la Patrulla Fronteriza salió de la camioneta. Tenía una lista de todos los nombres, las edades y los países de origen de los inmigrantes indocumentados que transportaba. La mayoría de ellos eran de Guatemala, Honduras y El Salvador. Tenían entre 17 y 42 años.
Se intercambiaron muy pocas palabras entre los agentes y los migrantes. Después de sacarlos de la camioneta y alinearlos junto a la acera, el agente hizo que los migrantes buscaran sus pertenencias entre las “bolsas de pruebas” que estaban en la acera. Estos contenían teléfonos celulares, ropa de repuesto, artículos de tocador y otras pertenencias que los migrantes habían traído en su viaje a Estados Unidos.
Luego les dijo en español que cruzaran el puente hacia México y señaló hacia Ojinaga. Entonces, la camioneta dio la vuelta en el puente y se dirigió de regreso a la estación de la Patrulla Fronteriza de Presidio.
Todos los inmigrantes indocumentados cruzaron de inmediato, excepto un hombre y su sobrino, que era menor de edad. México cambió su política fronteriza en febrero, para no aceptar familias con niños que fueron expulsados ​​de Estados Unidos. La pareja finalmente recibió autorización para ir a México y caminaron lentamente en la dirección que se les había indicado.
Según un agente de la Patrulla Fronteriza, este viaje suele realizarse 12 veces al día. Cuando se le preguntó qué hacen las autoridades mexicanas con inmigrantes como Alejandro una vez que cruzan, respondió: “No sé qué hacen con ellos, pero sé que regresan”.
Ahora en Ojinaga, Alejandro espera regresar a Honduras, para seguir manteniendo a su familia como pueda.
“Si permite Dios, regresaré pronto”, dijo. “Tengo que empezar de nuevo con mi familia y trabajar de lo que me salga de trabajo en Honduras”.
También dice que no planea regresar como inmigrante indocumentado, pero consideraría regresar legalmente a los Estados Unidos si pudiera, aunque no ve la última opción como factible debido a la baja tasa de aprobaciones de visas.
Mientras tanto, el Título 42 sigue siendo un tema polémico de debate en Washington, y el aumento de las vacunas lleva a muchos críticos a cuestionar la ética de la expulsión sin juicio. Aunque al presidente Biden al parecer se le informo sobre un plan para poner fin a la expulsión de familias migrantes, queda por ver si el plan entrará en vigencia.
Para Alejandro el viaje fue una decisión personal — no una motivada por la política de nuestra administración actual, ni la anterior.
“Uno trata en su país de aguantar pero cuando ya no se puede, uno vé que económicamente, financieramente uno está decaído uno toma el riesgo de hacer el viaje”, dijo. “Más que todo por eso se decide el viaje”.

Información adicional de Sachi McClendon.


Related