El hombre de las finanzas: Mi semana sin pantalla

Hace poco, mi marido Vilis y yo pasamos una semana principalmente de vacaciones en una ubicación remota que frecuentamos, donde dejó de funcionar la pantalla de mi portátil Mac. Es realmente una bonita lápida digital con colores parecidos a un prisma que vuelan en todas direcciones a partir de una grieta que supuestamente hice yo, pero la pantalla es inservible. Y Vilis, que está conectado a su portátil del mismo modo que yo lo estoy con mi celular –mucho– solo me dio el tiempo suficiente para escribir esta columna.

En una ciudad como El Paso, podría pedir cita en un Genius Bar, que pertenece a la tienda Apple. Una persona joven con aptitudes del nivel de un genio (obviamente) echaría un vistazo y lo enviaría muy lejos a la tienda de reparaciones de la gran Apple, desde donde regresaría a Marfa en una bonita caja protegido por poliestireno (malo para el medio ambiente pero bueno para un portátil). El problema es que nos encontrábamos a dos horas de la tienda Apple más cercana, que no tenía citas disponibles hasta pasados ocho días. Las tiendas más cercanas o los técnicos certificados por Apple se encontraban a seis horas de distancia, y solo con cita previa, pero solo estaríamos de paso de regreso a casa.

Había otras opciones. El servicio al cliente de Apple (los mejores representantes de servicio al cliente que hayan existido) te enviará con gusto una caja con el franqueo pagado (también con poliestireno). Tu debilitado Mac será enviado rápidamente al cielo reparador, habrá algo de magia, y luego regresará. Hay dos trampas. Primero, tienes que conseguir contactar con el servicio al cliente por teléfono. Normalmente, esto es fácil. Pides una llamada en línea y te llaman al cabo de unos segundos. ¿Mi problema? Verizon llegaba de forma discontinua y cada llamada de Apple acababa en el buzón de voz.

En segundo lugar, ¿dónde enviarían la caja? Tenemos lo que se llamaría una dirección en una carretera comarcal, pero no hay señales que te digan donde hay que abandonar la carretera y hacía mucho que los números de la casa habían desaparecido, cayéndose de sus clavos oxidados o descascarándose debido a los rayos UV. Habríamos podido usar la dirección de alguien que conociéramos en la zona, pero retendría como rehén a nuestra caja mientras compartía largo y tendido su última teoría conspiratoria. E incluso entonces, Apple lo volvería a enviar a Marfa, después de nuestro regreso. Además, ¿cómo programas una recogida desde nuestra casa sin número? Jamás habíamos visto por allí una camioneta FedEx o UPS.

La elección obvia era conducir una hora hasta una Oficina FedEx o una biblioteca y usar su material. Es caro en FedEx y aún más costoso y limitado en las bibliotecas rurales. Otra idea sería conducir esa hora y comprar un Chromebook barato, digamos que en la tienda Best Buy. Pero es un despilfarro de dinero cuando te espera en casa un portátil antiguo de reserva.

Debido a que pasé demasiado tiempo pensando en todo esto, pasó un día… o tres. Se desvaneció la necesidad de tener una pantalla de portátil, y mi celular me proporcionó todos los arreglos rápidos y direcciones para hacer senderismo que necesitábamos. Salvo escribir esta columna, podía esperar cualquier cosa que fuese imposible hacer con un celular (y bien podrías argumentar que esto podía esperar… para siempre).

La moraleja de la historia, si es que hay una, es que pasé horas intentando arreglar la situación de mi pantalla Mac que no necesitaba arreglo. Y precisamente por eso Apple es la mayor empresa de valor comercial en los 50 estados.

Tom Jacobs es socio de Huckleberry Capital Management, una empresa gestora de inversiones que sirve a clients en todos los EE.UU. desde sus oficinas en Marfa, Silicon Valley y Asheville. Puedes contactarle en [email protected] y al 432-386-0488. Si te atreves.

Traducción de MIRIAM HALPERN CARDONA


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