Tomás Salgado, hombre de honor y dignidad que se convirtió en el patriarca de una familia de 10 cariñosos hijos, cuya vida se forjó viviendo en la tierra del norte de México y el lejano oeste de Texas, falleció pacíficamente la noche del viernes 24 de julio de 2020 rodeado de su familia en Marfa. Cumplió los 98 años de edad en junio.

Los hogares que compartió durante 69 años de matrimonio con su difunta esposa y madre de sus hijos, Abigail Aranda Salgado, siempre estuvieron abiertos a la familia y amigos y provistos de comida y compañerismo. Sus hijos, nietos, nueras y yernos los llamaban Papá y Mamá.

Tomás Salgado Valenzuela nació el 9 de junio de 1922 en San Carlos, Chihuahua, México, hijo de José de la Luz Salgado y su esposa, Zapopa Valenzuela Salgado. Se crió en varios ranchos cerca de La Mula, Chihuahua, una comunidad agrícola y ganadera a unas 25 millas al sur de Ojinaga.

Creció trabajando en la tierra de la familia cuidando ganado, ovejas y cabras, y la mayor parte de su juventud la pasó a caballo.

La primera vez que el vio a Abigail ella tenía 15 años de edad y él 20, y tres años después se casaron.

Vivieron en La Mula como recién casados, y sus tres hijas mayores nacieron en Ojinaga.

La familia pronto llegó a los Estados Unidos. Uno de sus primeros trabajos fue de vaquero en el rancho Hart Greenwood en el sur del Condado de Presidio, cerca de Shafter, o como Papá lo llamaba, el Rancho Corazón.

La joven familia se estableció en Presidio donde Papá y Mamá criaron a sus hijos. Desde principios de los años 50 hasta 1978, trabajó en la construcción en Odessa y Midland, instalando la infraestructura de tuberías de agua para las crecientes comunidades de la Cuenca Pérmica. Viajaba de Presidio a Odessa todos los domingos por la tarde, trabajaba toda la semana y regresaba a Presidio los viernes donde su familia esperaba ansiosamente su llegada.

En 1985, Tomás se convirtió en ciudadano estadounidense nacionalizado. En 2002, después de que sus hijos se fueran de casa, Tomás y Abigail se mudaron a Marfa.

Papá nunca conoció un chivito que no le gustara, y una de sus alegrías era matar un chivito para que todos disfrutaran del cabrito. La vida misma era una celebración para él, y todo lo que tenía lo compartía con los demás.

Fue un hombre de la tierra honesto y trabajador, hábil en esas formas, cuyo amor a la vida alimentó a una familia de seis hijas y cuatro hijos, una hazaña asombrosa en cualquier época. Ser parte de la familia de Papá y su viaje desde sus comienzos con escaseces en México hasta una próspera existencia para él y Abigail, sus hijos y nietos, fue la bendición que nos otorgó a todos. Era un hombre feliz y optimista. Incluso después de que un derrame cerebral lo dejara parcialmente paralizado, nunca perdió la esperanza de volver a caminar. Siempre tarareaba una canción. También le gustaba la música ranchera y de mariachi. El también amaba a su familia, su esposa, sus hijos, y todos sus nietos eran especiales para él, al igual que sus sobrinos y su familia extendida. Era el primero en estar al lado de un pariente enfermo o en el funeral de un amigo o pariente, y trataba de asistir a cualquier ocasión feliz a la que fuera invitado: bodas, aniversarios, cumpleaños.

Fue un miembro de toda la vida de la Iglesia Católica.

Le sobreviven sus 10 hijos (por orden de edad): Enedina y su esposo Ray Granado, de El Paso; Olivia y su esposo Roger Columbus, de Meadow Lakes, Texas; Alma y su esposo Joe Cabezuela, de El Paso; Héctor y su esposa Liliana Salgado, de Kyle, Texas; Rosario y su esposo Robert Halpern, de Marfa (en cuyo hogar falleció); Tomás Salgado Jr. y su esposa María de Jesús “Jessu”, de Marfa; Teresa Salgado, de El Paso; Juan y Rebecca Salgado, de San Ángelo; Mario y Lucila Salgado, de Alpine y Ojinaga; y Maribel y su esposo Adalberto “Beto” Bañuelos, de El Paso; además de 23 nietos, 19 bisnietos y 4 tataranietos.

También le sobreviven dos hermanas: Elvira Valenzuela y Socorro Armendáriz, ambas de Odessa; y un hermano, Armando Salgado, de Rocky Ford, Colorado.

Le precedieron en la muerte su esposa, Abigail, que falleció en 2014; una bisnieta, Abigail “Abbey” Elizabeth Keller, que falleció en 2019; y un hijo pequeño, Jesús Manuel. También le preceden en la muerte sus hermanas, Anita Valenzuela, Cristina Alvidrez, Aurora Lujan y un hermano, Salvador Salgado.

El martes 28 de julio se realizó una visitación y el rosario en la Capilla Geeslin de la Funeraria Alpine Memorial, con un servicio de sepultura y entierro el miércoles 29 de julio en el Cementerio Merced, en Marfa.

Los portadores del féretro son sus hijos Héctor y Tomás, su yerno Robert Halpern, sus nietos Jaime Juárez y Enrico Columbus y su sobrino Guadalupe “Lupe” Lujan.

Los portadores honorarios del féretro son Mark Rodríguez, de Marfa, el cuidador de Papá que lo cuidó con amor, dignidad y respeto estos últimos dos meses, y su amigo Sammy Román, también de Marfa.

El Padre John Paul Madanu, de la Iglesia Católica de Santa María en Marfa, fue el oficiante del funeral, y Rick Ruiz tocó la guitarra y cantó canciones religiosas durante los servicios.

La funeraria Alpine Memorial Funeral Home está a cargo de los preparativos.